Consciencia colménica

Veramí

Forjado de errores y desaciertos, dispuesto a seguir cometiéndolos hasta lograrlo.

Llevo años queriendo matar mi pasado. Enterrar todo aquello de lo que me arrepiento, de lo que me avergüenzo.

Con ello he perdido mi identidad, he olvidado quien soy. He empezado a buscarme en otras partes, pero siempre estuve en mi pasado. Mirando hacia atrás es donde se encuentra el niño sensible que sueña con ser libre, con ser quien quiere ser sin temor a ser rechazado. Ese niño a veces siente que ser sensible es muy agotador.

Pero quizá la mariposa no está ahí para entender que debo incluirla en mi diario, sino para recordar que hay una parte de mí que en algún momento será querida y podrá volar, dar aleteos como una mariposa y corresponderle. Mientras, se quedará en mí.

Kiss me, butterfly.

Desde pequeño he tenido una mariposa revoloteando mi alrededor. No sé bien de donde salió. Al comienzo era pálida, casi a blanco y negro.

La mariposa iba ganando color a medida que me quedaba en casa en lugar de salir a jugar al futbol o pelotica e’ goma con mis amigos de por la cuadra. La mariposa me decía que no aprendiese a manejar bicicleta, que me quedara en mi cuarto viendo anime.

La mariposa ganó mucho color, era casi arcoíris, pero llegó un momento donde me vi obligado a usarla para atraer a las demás personas, decirle que me diera un poco de su color para ofrecerle a los demás. Las otras personas no tenían mariposa, así que no podían darme su color a cambio. Yo estaba bien con ello, aún le quedaba color a la mía.

Con el tiempo, mi mariposa empezó a quedarse sin color, volvió a ser pálida.

No quiero que mi mariposa muera. Por ello, he decidido congelarla en mi pecho. Plasmada, esperando el día en que pueda por mí mismo darle color y mantenerla con vida.